(Por Jon Garia) Conozco a Javi desde hace algunos años. Navegamos juntos en el Campeonato de Bizkaia de Cruceros a bordo de su antiguo barco, “Yubarta”, un prototipo de Dufour de 1974.
Desde entonces, hemos compartido con pasión la misma afición y charlamos regularmente en su local de venta y distribución de barcos nuevos y usados GETXONAUTIC en el Puerto Deportivo de Getxo.
Javier Ugalde muestra aún el efecto del sol y muchos días de mar en el rostro. Cansado y más delgado, conserva la misma mirada traviesa que le hizo soñarse, algún día, a bordo de un barco de vela en medio del océano.
Con 40 años, su última trastada ha sido cruzar el Atlántico en solitario a bordo del “Titter”, un Cape Vickers 41. Ha participado en la prestigiosa “ Transquadrasolo”, una regata amateur para mayores de cuarenta años; clasificación en solo y en doble, que se corre en tiempo compensado. El recorrido, de 4000 millas y dos etapas: Saint Nazaire-Madeira. Madeira-Le Marin, en Martinica.
¿Porqué la Transquadra y porqué en solitario?
Este es un proyecto, una ilusión, que data de dos años. La idea era cruzar el Atlántico en regata y en solitario por ser más divertido, más competitivo y con la cobertura de una buena organización. En un principio iba a ser la Cadiz-Venezuela pero mi barco sufrió unos daños que no pude reparar a tiempo. La Transquadra reunía las condiciones y no me lo pensé.
En solitario porque estar tú, el barco y la mar es lo más bonito. Te hace comprender la rudeza, la grandeza de la mar, nuestra verdadera dimensión en la naturaleza.
La primera etapa fue este verano y clasificaste el 14. ¿Qué destacacarías de esa primera singladura?
Una etapa de 1100 millas, gran temporal en el Golfo de Bizkaia, 50 nudos de SW y una mar muy fuerte. Fue una navegación de supervivencia, la primera noche iba 5º y rompí el piloto; además, tuve una vía de agua en el tanque de combustible. Varios barcos regresaron a puerto.
Recién llegado tras finalizar la segunda etapa.¿Ha sido como te lo imaginabas?
No, en absoluto. Me imaginaba una travesía típica, con una primera semana con viento y después ola larga, velocidad y comodidad. Ha sido lo contrario, mucha mar cruzada, chubascos constantes, mucha tensión, no hubo descanso.
¿Cuáles han sido las condiciones de mar y viento en esta travesia?
Ola de 4 a 5 metros, a menudo cruzada y rompiente. Vientos medios entre 20 y 35 nudos con una punta de 46 nudos el último día.
¿Qué configuraciones has utilizado? Comencé con spi asimétrico, pero la ola dificultaba mucho el rendimiento, el spi se desarmaba. El casco del barco es muy redondo, no planea y el viento estaba muy de popa por lo que opté por mayor entera y 3/4 de vela de proa atangonada. Hacía mejor rumbo, aún así, tenía que trasluchar siete u ocho veces al día.
¿Cómo te organizabas para comer y dormir?
He llevado tres tipos de comida: Envasada para calentar. Comida para cocinar que no he podido ni preparar ni disfrutar y por último, alimentos energéticos que tomé los dos últimos días.
He dormido unas tres o cuatro horas al día por franjas de 20 y 30 minutos. La noche era para atacar. Una noche no dormí nada para regalarle dos puestos de la clasificación del día siguiente a Yolanda, mi mujer; era su cumpleaños.
A veces, la soledad es buscada, otras, lacera el alma. ¿Podías comunicar con el mundo?
Sí, a través del Iridium y conexión a Internet. Ayuda a pasar la soledad. Preparaba una batería de e-mails que iba rellenando a medida que pasaba el día. Hablaba con la familia y amigos. Con la avería me quedé verdaderamente solo.
Sé que esto no se puede contar pero, ¿has pasado algún momento de peligro?
Varios, por inconsciencia, por cansancio. Pensando que estaba amarrado realicé alguna maniobra peligrosa. Riesgo sí, peligro tal vez no. Cuando te das cuenta te sientes mal.
Detectado un rumbo errático en el track del First 31.7 “Xenon” de Jean-Marc Hautbois, la dirección de regata decide desviar el barco más cercano en regata hacia esa posición. El “Avel” un Pogo 850 tripulado en doble se ve obligado a dar la vuelta y ciñe durante doce horas contra un duro Alisio. El “Xenon” navega con piloto hacia el sur, con foque y mayor arriada, la botavara está rota. El VHF devuelve un silencio angustioso, nadie responde a los gritos lanzados desde escasa distancia. Finalmente, protegen el casco con defensas y deciden subir a bordo. Un mosquetón de escalada cuelga a medio palo, un zapato en la proa… Desolación, no hay nadie en el interior, Jean-Marc Hautbois ha desaparecido en el mar.
¿Cuando recibiste la noticia?
Me llamó Iñigo Ortiz de Urbina para decirme que el “Xenon” había perdido a su patrón. El último día cené con él en Madeira. Habíamos estado peleándonos en el agua dos días antes. Te sientes un poco culpable. Fue muy duro. No dormí. No podía contar eso a mi hija. Tenía tres cervezas a bordo y me tomé una para poder hablar con mi hija.
¿Has seguido algún tipo de routage?
Iñigo Ortiz de Urbina, con su experiencia, contrastaba conmigo las opciones meteo, me ayudaba en las trayectorias. Dispuse de una información más amplia.
¿Para ti,¿qué significa la noche solo en el mar?
La noche, lo que resulta tétrico para cualquiera, para mí es lo más bonito. No tienes sensación de peligro, las olas no se ven, la sensación es que el barco corre más. He tenido navegaciones con luna inolvidables.
¿Qué es lo que más le falta a un solitario en navegación?
Ver una cara cercana. Sentirte menos solo en los momentos duros; alguien a quien cogerte.
“ Eh, Petrel” de Julio Villar es un canto al mar y a la libertad extraído de las notas y dibujos realizados en la vuelta al mundo a bordo de su pequeño velero “ Mistral”. ¿Has escrito algo a bordo?
He escrito un cuaderno de bitácora. Lo he releído y es triste; ciertamente he tenido pocos días bonitos.
¿Qué imagen dibujarías?
Dibujaría la estela sobre el reflejo de la luna en el mar.
¿En quién se piensa en medio del océano?
Principalmente en ti y en tu seguridad, en tus obligaciones, en tus rutinas.
Hay un desdoble de personalidad. Se establece un diálogo íntimo entre una consciencia y un cuerpo. Por supuesto, se piensa en la familia.
En el plano humano ¿qué te ha aportado la navegación en solitario?
Humildad, no somos nada. Somos muy grandes y a la vez pequeños, como una gota de agua. Aprendes a valorar muchos momentos de tierra sencillos que cotidianamente pasan desapercibidos.
¿Qué imagen guardas en la retina?
Navegaba a unos 10 nudos y una ola mucho más grande de lo habitual, gigantesca, me alcanzó y rebasó; la siguiente me propulsó hasta los 24,5 nudos de velocidad. Aquello duró unos veinte segundos, la proa sumergida bajo el agua hasta el palo, el barco se inundó. El ruido y la vibración eran estremecedores. No sé de dónde pudo venir ese monstruo.
¿Y qué guardas en el corazón?
Fue la llegada, cuando estás llegando a un país extraño y en la oscuridad oyes gritar tu nombre. Decenas de personas te esperan después de veinte días de soledad. En ese coro se distinguían rostros conocidos de Bilbao. Fue una gran fiesta. No lo olvidaré nunca.
El temor a las averías mecánicas genera una gran angustia. Titter, te ha llevado a buen puerto, pero, ¿cuánto has tenido que remangarte?
Mucho, llevar el barco al límite ha supuesto romper mucho.
A la altura de Canarias tuve una vía de agua que me hizo pensar en retirarme. Se llenaban los cofres y el agua pasaba al interior. Cuando no sabes la procedencia te asustas mucho.
Si no hubiese sido por mi mujer, creo que hubiera flaqueado. Ella me dijo: repáralo, es tu ilusión, sigue adelante.
¿Qué anhelabas una vez hubieras pasado la meta?
Dormir en el barco quieto, amarrado. Unos amigos me ofrecieron su hotel pero necesitaba dormir en el Titter quieto. Es difícil interrumpir ese lazo.
¿Qué sentiste cuando se aproximaba la llegada?
Mucha emoción, los dos últimos días fueron muy intensos. Había adelantado barcos y la entrada era muy complicada, quería conservar la plaza. En el acceso a la isla hubo que ceñir de noche, sólo con la mayor, entre bajos, con 35 nudos de viento bajo una lluvia torrencial. Fue peligroso hasta para atracar, mi motor no funcionaba. Eché el ancla y el barco garreaba hacia la playa. Afortunadamente, llegaron a remolcarnos.
Jean Pierre Kelbert, diseñador y constructor de su propio barco, ha ganado la regata a bordo de un JPK 960. ¿Cuáles han sido las virtudes de ese binomio?
Es un gran navegante y contrastado regatista. El barco está extraordinariamente preparado, es muy polivalente y muy rápido. Ha vencido al A35 que era imbatible hasta ahora.
El plantel ha sido muy alto en general.
Has sido clasificado en el puesto 14 de 28 inscritos. ¿Ha sido más competición, o aventura?
Competición para mí, soy competitivo y me gusta la regata; aunque, la aventura comenzó desde el primer día.
¿Cual quieres que sea tu próximo barco?
El Titter ha cumplido muy bien. Ha sido un todoterreno contra Porsches, se ha portado como un gran barco. El próximo será rápido y planeador para poder disputar.
Diriges el Club Bakarti de navegantes solitarios. ¿Animarías a alguien a participar
en esta regata?
Sí, es una regata bonita, organizada por grandes expertos. Una ocasión inigualable para cruzar el “charco” arropado por una buena organización.
La próxima edición, en 2011, tendrá dos puertos de salida, uno en el Atlántico, en Saint Nazaire y otro en el Mediterráneo, en Barcelona.
¿Has recibido alguna ayuda?
Mi participación en la regata ha sido sin patrocinadores y con financiación propia. Es tan dura la regata como llegar a ella.
Por otro lado, tengo agradecimiento a muchas personas. El barco lo he tripulado yo en solitario pero la regata la hemos hecho entre todos.
Tímidamente, de manera casi espontánea y animada en su inicio por la llamada de los relatos de Ugarte, Tabarly, Moitessier o Julio Villar, está germinando, en anónimos enamorados, la Pasión Universal por el mar.
¡Enhorabuena Javier!
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